Home | Aprendiendo Arquitectura | El nuevo arquitecto (Alberto Ricarte Izquierdo)

El nuevo arquitecto (Alberto Ricarte Izquierdo)

 

rol arquitecto

¿Qué arquitecto es verdaderamente útil para la sociedad actual?

A simple vista puede parecer una pregunta un tanto desconcertante porque no estamos acostumbrados a relacionar la profesión de arquitecto con la sociedad, algo a lo que sin embargo sí estamos habituados en los casos de maestros, enfermeros, psicólogos o pedagogos. ¿Y por qué la gente en general tiene esta idea de los arquitectos como profesionales que “simplemente” diseñan y desarrollan un proyecto? Una de las posibles respuestas a esta cuestión es que la mayoría de los nombres de arquitectos que llegan a los ciudadanos son los de los arquitectos estrella que llevan su nombre por toda la geografía mundial a base de crear obras faraónicas que muchas veces repiten en lugares con contextos urbanísticos y sociales totalmente diferentes. A este hecho hay que sumarle el consentimiento y apoyo que prestan muchos políticos a estos proyectos que son utilizados como vehículos de estrategias electorales y que difícilmente acaban ajustándose a las verdaderas necesidades ciudadanas, además del gran coste económico que suelen suponer estas obras arquitectónicas, algo que en las circunstancias socioeconómicas actuales es poco recomendable.

Es por ello que los nuevos arquitectos están llamados a orientar sus proyectos a un ámbito más cercano a los ciudadanos de una comunidad y ajustarse así a sus necesidades reales, para lo cual es totalmente necesaria una participación ciudadana directa y real, aunque lógicamente se reserven a los arquitectos aquellas tareas en las que son ellos los únicos competentes. La participación ciudadana es indispensable por el simple hecho de que ellos mismos son los que acabarán dándole uso a esa arquitectura y los que acaban financiando el proyecto ya sea mediante impuestos o de manera directa. Por tanto el arquitecto está en la obligación de darle a los ciudadanos el derecho a decidir de una manera real, ya que, al igual que el arquitecto aporta sus conocimientos a la hora de llevar a cabo el proyecto, los ciudadanos también tienen muchísimo que aportar al arquitecto en cuestiones tales como el conocimiento exhaustivo de las necesidades que deberá cubrir la intervención y obra arquitectónica, el contexto en el que se sitúan ,los medios disponibles e incluso ideas que pueden determinar un proyecto de manera determinante. Una práctica que por ejemplo ya se lleva a cabo en el ámbito de la enseñanza de algunos colegios que llevan un modelo llamado “comunidades de aprendizaje” que tienen como fundamento unas bases científicas que en el área de la sociología utilizan la “metodología comunicativa crítica” desarrollada y avalada por la Comunidad Científica Internacional y prestigiosas universidades como Harvard, Cambridge o Wisconsin; y siendo consecuente con el contexto actual de sociedad de la información y comunicación en la que nos encontramos. Dicho método rechaza las relaciones de imposición (que dejan todo en manos del poder y autoridad) y optan por relaciones de argumentación basadas en un diálogo igualitario. En el caso de la enseñanza la comunidad educativa estaría formada por los niños, sus familias, profesores, entidades y asociaciones locales y voluntariado externo. Todos ellos intervienen desde sus distintas áreas en el proceso de educación desde un plano de igualdad e interactúan para mejorar el colegio y conseguir finalmente una educación mejor para los niños. Sociólogos y pedagogos también aportan su visión y conocimientos para mejorar el colegio haciendo propuestas argumentadas y que son fruto de una comunicación dialógica.

Esta metodología (revisada para poder ser adaptada al ámbito arquitectónico) sería totalmente compatible con el proceso de ideación y creación de la arquitectura, y más aún en una sociedad como la actual que está adquiriendo un carácter cada vez más dialógico. Partiendo de la idea de que la sociología es una ciencia que puede aportar mucho a la arquitectura sería un gran reto (por el compromiso social que tiene la arquitectura) adaptar esta metodología comunicativa crítica que está funcionando con éxito en otras ciencias sociales.

El evidente compromiso social de la arquitectura debe pasar indudablemente por la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente. El arquitecto, al igual que tiene que ser consecuente con los usuarios de un edificio, ha de serlo también con la naturaleza y el entorno del mismo. La intervención arquitectónica en la naturaleza tiene que crear un ecotono entre el medio natural y el nuevo medio creado, de manera que ambas partas convivan y se enriquezcan mutuamente conformando una sola entidad fruto de una fusión entre la arquitectura y la naturaleza. Este hecho es más fácilmente apreciable en el medio rural, sin embargo, plantearlo en el medio urbano parece más difícil con la mayoría de los modelos de ciudades que existen en el mundo hoy en día. No obstante, parece que cada vez más urbes van adoptando formas más ecológicas y respetuosas con el medio ambiente, tales como las peatonalizaciones, el impulso del transporte público, las zonas verdes, el uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo o los planes de conservación del patrimonio. La inclusión de huertos urbanos en las ciudades es otra práctica que potencia el carácter sostenible de una ciudad, además de favorecer a la aparición de más zonas verdes, esta actividad implica un ahorro económico en el consumo de productos en el caso de que se desarrolle de una manera adecuada y eficiente. Estos huertos urbanos, sean particulares o públicos, también potencian las relaciones sociales por crear puntos de encuentro de participación ciudadana. Por tanto es evidente que una labor arquitectónica orientada a desarrollar estos tipos de espacios ayuda a crear ciudades más habitables con un nivel de bienestar bastante elevado sin implicar con ello grandes costes económicos.

Por lo tanto, el bienestar de los ciudadanos también está ligado a soluciones económicamente viables y que el arquitecto debe tener en cuenta en todo momento, desde la elección de materiales reciclados, hasta la manera plantear una intervención en un edificio preexistente. La reducción de costes que supondrían estas prácticas de ahorro económico en la construcción (siempre que no dejen de lado las necesidades y el bienestar de los usuarios) facilitaría el acceso a una vivienda digna a personas que verdaderamente lo necesitan.

La arquitectura rodea a las personas, y por ello las decisiones que toma el arquitecto están directamente relacionadas con el bienestar de la sociedad, por tanto, el nuevo arquitecto tendrá que llegar a la obra arquitectónica siguiendo un camino que pase siempre por la sostenibilidad y el consenso con la ciudadanía.

Alberto Ricarte Izquierdo
[Estudiante de Dibujo 4 (2014/15)_ETSA Sevilla]

Bibliografía:
Jesús Gómez, Antonio Latorre, Montse Sánchez y Ramón Flecha/ “Metodología comunicativa crítica”/El Roure Editorial/Barcelona/2006.

Marta Donadei

Personal Investigador en Formación (Plan Propio) dentro del DEGA. Alumna del Programa de Doctorado en Arquitectura de la Universidad de Sevilla.

Comente

*