¿Qué es la arquitectura? (Marta Pérez de Ory)

 

La arquitectura. ¡Cómo definir un concepto tan complejo! Tanto se puede decir de ella y seguramente nos seguirían quedando cosas en el tintero.

Personalmente es una pregunta que me saca una sonrisa. Me recuerda a una anécdota de infancia de estas que se quedan en la memoria. Tenía yo un familiar que era arquitecto, y teniendo yo unos 4 años, me dijo que con lo que me gustaba pintar y siendo inteligente, que debía estudiar arquitectura como había hecho él. Yo, extrañada, le pregunté: “¿Qué es arquitectura?”. A mi tío le llevó un rato encontrar las palabras para poder explicarle a una niña tan pequeña. Y terminó diciéndome: “Es el trabajo en el que diseñas las casas a la gente, y si por ejemplo, a uno le gusta mucho lavar, le pintas una lavadora”. No puedo determinar cuánto de literal hay en esta respuesta ni cuánto de deformación infantil mezclada con el paso de los años. Lo que sí recuerdo es que me quedé mucho rato pensándolo. Porque lo que mi cabeza infantil se imaginó fue el construirle una casa a una persona (una de esas unifamiliares blancas, con chimenea, árbol al lado y caminito hasta la puerta que aparecen en todos los dibujos de los niños) pero en este caso con una lavadora pintada en la fachada. Me pareció una cosa verdaderamente extraña. Pero no seguí preguntando, porque entendí que incluso existiría gente rara a la que le gustaran tanto esas máquinas feas como para querer pintárselas en su fachada.

Catorce años más tarde empezaría a estudiar arquitectura, y no porque me lo hubiera dicho mi tío, sino por libre elección. ¡En buena me había metido! Precisamente porque no sabía bien en dónde me metía. Ahora me hayo aquí, a unos meses de terminar la carrera –o eso espero- con una idea de lo que es la arquitectura, pero con los mismos problemas que tuvieron para tratar de explicármelo a mí. La complejidad del término, de sus límites, que son difusos, me dificulta encontrar las palabras adecuadas para definirla. Trataré de hacerlo de la manera más concisa que pueda, aunque me temo que a este ensayo le iría añadiendo notas al pie cada vez que me pusiera a revisarlo.

Cómo no recordar las palabras de Vitruvio en su tratado De Architectura en los que escribe que la arquitectura se compone de tres principios: la Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas) (1). Pero este triángulo, ¿es equilátero? Podría pensarse que los tres conceptos no están al mismo nivel. Si preguntamos y analizamos la obra de cualquier arquitecto, podemos ver que el triángulo se estira hacia una u otra punta. Muy difícilmente encontraremos quién se preocupe por la “equilateracidad” –si es que esta palabra existe- del triángulo. A otros como Calatrava, podemos hasta no preguntarles por el triángulo. Y si me preguntáis a mí, posiblemente equivocada, responderé sin miedo. Es lo que nos pasa a los ignorantes, que somos los más impulsivos en contestar. Mi triángulo es isósceles y obtusángulo. Abajo pongo la firmitas y la utilitas y arriba está la venustas. Y no arriba porque sea más importante. Precisamente para que mi triángulo sea estable estructuralmente le he tenido que dar una buena base. Y luego lo corono con la venustas, que al fin y al cabo, sin corona podríamos estar.

vitruvio

La arquitectura se compone de estos tres principios, y el entorno en el que se encuentra el ser humano tiene que ser bello para que este disfrute del mismo y se sienta incitado a su desarrollo personal y social. Pero bajo mi punto de vista, la belleza ocupa un estadio un poco inferior, al fin y al cabo, si fuera tan imperante, no dejaríamos que fuera subjetiva. Lo más importante es la utilidad y la practicidad. Porque todo comienza con una necesidad, un problema relacionado con el habitar. Entonces llega el ser humano arquitecto, que analiza las circunstancias y trabaja por darle una solución. Que tratará de ser lo más bella posible, pero antes, mucho antes que eso, tiene que ser solución. Pensemos en la arquitectura de urgencia, empleada por ejemplo en caso de desastres naturales. ¿No es eso arquitectura? Creo que para llegar a estas arquitecturas se ha debido pensar y no precisamente poco, para llegar a resolver las enormes exigencias que estas situaciones imponen: rapidez, efectividad, desmontabilidad, facilidad de ejecución, economicidad de medios… y a menudo para usos muy concretos o especializados. La mente pensante del hombre tiene que trabajar muchísimo para presentar soluciones en este tipo de arquitecturas, es todo un arquitecto devanador de sesos quién ha tenido que desarrollar este trabajo. Y será todo lo bello que pueda ser, pero creo que queda claro que se trata de arquitectura.

Una arquitectura es buena arquitectura siempre que satisfaga las necesidades del habitar del hombre pues para eso está pensada. Ese es su fin. La arquitectura que esté pensada como medio para otro fin puede ser considerada una blasfemia, una burla, un ridículo armatoste para satisfacer el ego de tutores indoctos. Nos resultaría más fácil desacreditar como arquitectura los “no lugares”, término que empleaba por primera vez William Gibson en Neuromante (2) y sobre la que otros tantos han retomado el diálogo, como José María Montaner, en La modernidad superada (3). Muchas de las grandes “estrellas” de la arquitectura contemporánea crean edificios bellísimos y modernísimos supuestamente, pero fríos y vacíos de vida por completo.

Bajo la pregunta de qué es arquitectura, el estudio de arquitectos AV62 nos dice: “La arquitectura debe reivindicar la posibilidad de ser algo más: un lugar de encuentro e intercambio entre las personas y un objeto de acción intencionada, para ayudarnos habitar con dignidad y felicidad este nuevo mundo que de momento nos resulta tan extraño” (4). La arquitectura se compone de muchísimos condicionantes: tiempo y lugar, pero también refugio, estrategia, mutación, adaptabilidad, materialidad, exploratoria, acción, entorno, escala, ecología y “egología”, imagen, paisaje, sensaciones, integridad, identidad, experiencia vivida, participación, colonización… Es la suma de lo artificial y lo natural, lo cual podemos llamar “artificialeza”. Decía Bruno Zevi en su Saber ver la arquitectura que “La arquitectura responde a exigencias de tan diversa naturaleza que describir adecuadamente su desarrollo, equivaldría a exponer la historia misma de la civilización” (5).

La arquitectura es ser niño siempre. Emplear tu imaginación como el más poderoso instrumento, donde casi todo es posible. Donde cada cuestión es un reto. Bañarte en la curiosidad, jugar a investigar. El niño que crea formas con plastilina, que experimenta en sus dibujos con nuevos colores, que hace sus pruebas estructurales de estabilidad con cualquier objeto que encuentre por delante… Arquitectura son los niños que se escuchan y de mezclar sus ideas construyen una historia común, de polis y ladrones, de hospitales, de tribus que construyen sus refugios con ramas en el parque. Encontrar soluciones y ser prácticos. No es que los problemas de los niños no sean tan importantes. Es que ellos siempre terminan por encontrarles una solución. Sigamos creando soluciones como niños, para el que todo está en potencia y todo se puede solucionar con imaginación. Dónde hasta las casas pueden tener lavadoras pintadas en su fachada.

Marta Perez de Ory
[Estudiante LAE (2013/14)_ETSA Sevilla]

 

Referencias bibliográficas:

(1) VITRUVIO POLION, M.L. (2000). «De las partes en las que se divide la Architectura.» en Los diez libros de la Arquitectura. Traducido por ORTÍZ Y SANZ, J. Madrid: Imprenta Real 1787. Pág 59.
(2) GIBSON, W. (1984), Neuromante. Madrid: Editorial Minotauro.
(3) MONTANER, J.M. (1997), La modernidad superada. Ensayos sobre arquitectura contemporánea. Barcelona: Editorial Gustavo Gili.
(4) Arquitectos AV62. “Qué es la arquitectura”. http://www.av62arquitectos.com/es/estudio/que-es-arquitectura-110.
(5) ZEVI, B. (1998), Saber ver la arquitectura. Barcelona: Editorial Apóstrofe. P. 51.

Marta Donadei

Personal Investigador en Formación (Plan Propio) dentro del DEGA. Alumna del Programa de Doctorado en Arquitectura de la Universidad de Sevilla.